sábado, 26 de noviembre de 2011

EL AMIGO DE LA MUERTE

Ensombrecida por su célebre cuento terrorífico La mujer alta (Narraciones inverosímiles, 1882), El amigo de la muerte, pieza escrita en 1852 por el granadino Pedro Antonio de Alarcón —a caballo entre la novela corta y el relato largo—, parece haber quedado relegada con el paso del tiempo a un discreto segundo plano entre su amplia y variada producción.

Sin embargo, si el lector de nuestros días se acerca a la misma, hallará en sus páginas un fascinante tesoro —quizá desapercibido— de la literatura fantástica española del siglo XIX; una narración intemporal y memorable que conviene rescatar del olvido, pues sólo conociendo el pasado podremos entender nuestro presente.

El amigo de la muerte, no sólo nos ofrece una prosa rica, elegante, ágil, amena y vertiginosa, sino que supone un auténtico despliegue de talento imaginativo por parte de su autor, articulado en torno a los siguientes elementos:

1. Costumbrismo: Una historia de base real, ambientada en los inicios del siglo XVIII español, cuya acción se sitúa durante el primer reinado borbónico, figurando entre sus personajes el propio rey Felipe V. La atmósfera cortesana, las intrigas palaciegas y los secretos de familia, son descritos con maestría por Alarcón, constituyendo, en suma, un fiel retrato de época.

2. Pasión: La de una madrastra rencorosa, la de un monarca sumido en la duda, la de una oscura deidad dolida por la ingratitud, la de una pareja de enamorados, Elena y Gil, que habrán de reencontrarse en circunstancias imprevisibles, cuyo amor desafiará las propias leyes naturales —el autor pone aquí su acento más romántico—.

3. Terror: La base esencial del relato. El elemento sobrenatural es la materialización de lo inexplicable, de lo ultra terreno, cuya mera cercanía atemoriza a todo aquel que, como también sucede en La mujer alta, atisba algo vagamente perverso, oculto a sus ojos mortales, generando cierta confusión. Sirva esta frase como ejemplo:
“La joven se estremeció al ver aquella fúnebre y bella fisonomía, cual si contemplara el espectro de un difunto adorado”.


4. Ficción: En los últimos capítulos, cuando la lectura se hace más vivaz, a la espera del desenlace, la historia se reviste de un halo fantástico verdaderamente prodigioso, con imágenes dignas de los mejores maestros del género, las cuales, como ya señalé en un artículo anterior, convierten al autor de Guadix (en mi opinión) en un precursor.

5. Humor: La ironía nunca falta en los escritos de Alarcón. Salpican los capítulos guiños, confidencias o comentarios dirigidos al lector, pero siempre en su justa medida, sin exceso, consiguiendo el delicioso efecto de la narración oral.

6. Filosofía: Quizá el aspecto que más interés le da al relato. Perfectamente ensamblado con el tamiz fantástico, emana del texto una profunda reflexión acerca de la condición humana. También se funden por momentos sueño y realidad, evocando inevitablemente La vida es sueño, de Calderón de la Barca. El propio final, sorprendente y magistral, sugiere consecuencias tan interesantes como vigentes hoy en día.

Por todo ello, El amigo de la muerte es mucho más que una historia de terror; supone un regalo para todos los amantes del género, especialmente aquellos que gusten beber en los orígenes de la fantasía española, esos que, aunque no siempre notorios, nunca dejarán de sorprendernos.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Artículo sobre el libro "Lo que vino de las profundidades" de CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN

La escritora granadina Carmen Hernández Montalbán ha publicado recientemente un artículo dedicado al libro "Lo que vino de las profundidades" en su blog "Ventana a mis paraisos escritos", el cual os invito a descubrir, así como la obra literaria de esta autora andaluza.

Desde aquí agradezco personalmente a Carmen sus palabras, que no hacen sino animarme a seguir mejorando en mi trabajo literario, y os dejo el enlace para que aquellos que tengan interés puedan leerlo:

http://carmenydorahernandez.blogspot.com/2011/11/lo-que-vino-de-las-profundidades.html

domingo, 30 de octubre de 2011

LEYENDAS DE SULAYR

Hoy quisiera detenerme en uno de esos libros que un buen día aparecen, mágicos e insospechados, en tu vida; uno de esos pequeños volúmenes que, ajenos a grandes editoriales y a modas imperantes, jamás dormirán —acaso una semana— en el estante abarrotado de best-sellers; un regalo para almas sensibles, como sus propias autoras —Carmen y Dora Hernández Montalbán— gustan subrayar.

A lo largo de los cinco relatos que componen este libro sorprendente, las hermanas granadinas nos proponen viajar a un tiempo remoto —ya sea pasado o futuro— con una deliciosa mezcolanza de leyenda, historia, costumbrismo, fantasía y misterio. Cuentos salpicados de elementos sobrenaturales, pero también muy cercanos, cimentados en la realidad —apegados hondamente a su bella tierra andaluza—, con una sabia combinación de lenguaje popular y legendario, inspirado, por un lado, en la riquísima tradición oral, y por otro, en el legado que dejaron escritores como su paisano Pedro Antonio de Alarcón —nacido también en Guadix— o el propio Gustavo Adolfo Bécquer, con quien comparten, además de su amor por la naturaleza, la indudable relevancia del paisaje (árboles, luz, agua, estaciones, aire), universo del que somos parte —aunque con frecuencia lo olvidemos—, que moldea nuestro ser íntimo y, en definitiva, “Madre” a la que antes o después regresaremos.

Nada hay previsible en estas historias “contadas”, que fluyen envueltas en esa especie de “aura mágica” intrínseca a toda leyenda. Hechiceras, princesas, reyes, caciques, aventureros, guerreros, esclavos, sacerdotes… un compendio de personajes clásicos, arquetípicos, en los que siempre hay detrás un elemento tan esencial como imprescindible: una historia profunda, hondamente humana, con sus virtudes y miserias, con sus anhelos y pasiones, con sus dudas y tristezas.

Sugerentes propuestas que destilan una imaginación admirable, eje central de esta obra singular. Imaginación capaz de trasladarnos desde una barraca miserable —pródiga en conjuros— a la mítica Atlántida, capaz de devolver su esplendor al poderoso reino de Tartesos, de surcar la megalópolis de Hesperia en busca de respuestas, de ofrecernos el agua de aquel manantial en que se oye una voz distante…
¿Por qué las fábulas siguen teniendo, en pleno siglo XXI, vigencia y atractivo? ¿Qué encanto encierran que las hace tan sugerentes? Tal vez la razón esté en la añoranza de un tiempo perdido, de un mundo que sólo conocemos por aquel relato que oímos contar una noche junto al fuego. O tal vez sea que ese tiempo remoto, en realidad, sólo es un espejo de nuestro propio tiempo. Sea como fuere, reconforta encontrar “artesanas de la palabra” como Carmen y Dora, capaces de avivar el espíritu de aquellas viejas historias, manteniendo intacto su halo fantástico.

Pocas veces tiene un lector la ocasión de compartir sus impresiones (más allá de una firma apresurada o de una pregunta en una ponencia) con el autor/es de un libro que ha disfrutado. Desde aquí —Dora y Carmen, Carmen y Dora— os animo a seguir deleitándonos con vuestros relatos.
Gracias Carmen por haber puesto en mis manos este grato tesoro que floreció en la montaña del sol, la mágica Sierra Nevada que los árabes llamaron Sulayr.

Hoy quisiera hacer un canto a la pasión por escribir.

jueves, 20 de octubre de 2011

EL GOLEM

“¿Y si la vida en nosotros no fuera más que un enigmático remolino de aire?... ¿Quién puede decir que sabe algo sobre el Golem?”.
¿Acaso existe una respuesta satisfactoria para tales cuestiones? ¿No sucede que al tratar de arrojar un poco de luz caemos sin remedio en nuevas y oscuras interrogantes?

Dudas que lanzan al vacío más y más preguntas. Un misterio tenebroso más allá de la leyenda, donde viven enlazados el terror cíclico —que retorna cada 33 años—, la magia de la Cábala ancestral, las pasiones más exacerbadas, una lúgubre y mísera existencia en un sombrío escenario: el ghetto judío de Praga, la calle Hahnpass, y, por último, la horda de inquilinos que pululan entre sus sórdidos entresijos.

La atmósfera de la primera novela de Gustav Meyrink (1868-1932 )—El Golem— nos ofrece un verdadero compendio de la originalidad que atesoran sus relatos, aquella que le confiere una personalidad única e irrepetible, de gran calado en escritores posteriores —especialmente de lengua alemana— como Kafka, y que hoy día sigue seduciendo a lectores de todo el mundo.

La fascinante e inmortal obra de Meyrink (publicada en 1915) —cuya edición alcanzó la nada desdeñable cifra de 145.000 ejemplares vendidos entre 1915 y 1916—está envuelta en un ambiente inquietante, nebuloso, onírico, misterioso, enigmático, lóbrego y cautivador. Pocos autores han sido capaces de lograr un ensamblaje tan perfecto y sugerente entre sueño, pesadilla y realidad (excepción del otro gran “maestro de lo nebuloso”, Walter de la Mare).

El laberinto narrativo, el desdoblamiento del protagonista, impredecible, caótico en ocasiones, el enigma de un pasado inescrutable, apenas difuminado, la aparición del espectral Golem, todo se articula con una maestría excepcional, desconcertando y atrapando a un mismo tiempo, cautivando a todo aquél que se adentre en sus misteriosas páginas.
La fusión entre pasado y presente se pone de relieve a través del juego de tiempos verbales y una extraña “dualidad”, recurso que alcanzará su cima en otra de sus grandes novelas: “El ángel de la ventana de Occidente”, donde la franja del tiempo queda definitivamente diluida (evocando la idea lovecraftiana del “tiempo lineal” —aunque H.P. Lovecraft en su ensayo El horror en la literatura no cita este aspecto, sino la importancia del oscuro folklore judío de El Golem).

Muchas fueron las vicisitudes, ciertamente novelescas, que acontecieron en la azarosa vida de Gustav Meyrink, comenzando por su propio nacimiento en Viena —hijo ilegítimo de un importante barón y una actriz de segunda fila, continuando con su periplo por varias ciudades alemanas hasta arribar a Praga a los 15 años de edad. Allí, contrajo matrimonio con la hija de un banquero y, años más tarde, llegó a dirigir la entidad financiera.
Pero Meyrink, lejos de ser un espíritu acomodaticio, poseía una personalidad verdaderamente magnética y arrolladora: amante de la noche, cultivador de cuerpo y mente (drogas incluidas), entusiasta del ocultismo, consumado duelista —con un exacerbado sentido del honor—, erudito en las artes ocultas (ocultismo, alquimia, espiritismo), se convirtió en un personaje tan temido como odiado en la Praga de la época.

Con estas credenciales, era cuestión de tiempo que sus enemigos actuaran. Una ignominiosa confabulación lo llevó al banquillo acusado de desfalco y, aunque tiempo después se demostró su inocencia, económica y socialmente quedó arruinado.
Obligado a abandonar la que había sido su ciudad durante veinte años, se refugió en la literatura, medio precario de vida, pero también, universo ideal para canalizar sus vastos conocimientos, así como su espíritu crítico, indomable y satírico.

Al margen de las novelas ya citadas, escribió dos colecciones de cuentos: Historias de alquimistas y Murciélagos, entre las cuales se encuentran auténticas joyas de lo macabro, relatos que ponen los pelos de punta como El Albino o El Maestre Leonardo.

Semejante a sus personajes, Meyrink ha desafiado los límites del tiempo: sólo hay que echar un vistazo a su lápida para comprobar que, en efecto, fue un genial clarividente.

En el epitafio de su tumba reza esculpido este lema: “Vivo”.

domingo, 25 de septiembre de 2011

JAMES MANGAN, EL POE IRLANDÉS

En 1820 se publicó Melmoth el Errabundo, una de las obras cumbres del género gótico —la mejor en mi opinión junto a El Monje de Matthew Gregory Lewis y Frankenstein de Mary Shelley—, escrita por el excéntrico clérigo irlandés Charles Robert Maturin. John Melmoth, ser todopoderoso y condenado al mismo tiempo, personifica una visión de la existencia humana que mora en el abismo, habitante de un infierno terrenal dramático, angustioso, tétrico y feroz. Algunos de sus pasajes resultan verdaderamente sobrecogedores, dotados de una intensidad emocional abrumadora. La lucha interior, el legado diabólico, el terrible destino, la perdición definitiva y la búsqueda de redención, fueron los ingredientes que convirtieron la novela en un clásico inmortal de la literatura fantástica.

Siguiendo en el curso del tiempo las huellas de la misma, hallamos dos ejemplos muy notables: el primero lo encontramos hacia 1835, en Francia, proveniente del ilustre Honoré de Balzac, quien quiso rendir homenaje al maestro irlandés con su relato titulado Melmoth reconciliado, interpretación del personaje un tanto desvirtuada, pero igualmente atractiva. El segundo ejemplo surge en la propia Irlanda de la mano del compatriota del reverendo Maturin, el poeta dublinés James Mangan, que en su cuento El hombre embozado recrea la historia del errabundo de forma ágil, entretenida y más “fiel” a la idea original.

Para acercarnos a la figura de James Clarence Mangan, conviene echar un vistazo a las palabras que le dedicó su amigo, el también escritor James Price:
“¡Pobre Clarence, tu mundo fue el de un melancólico entusiasmado! El opio te elevó por encima de la mugre y de tu vida miserable”.

No podemos olvidar tampoco la semblanza que de él hizo el genial escritor inglés G.K. Chesterton, de la que extraigo este elocuente fragmento:
“…Mangan es el más grande de los modernos maestros irlandeses de la literatura, precisamente porque supo escribir desde su tradición antigua, yendo de lo serio a lo grotesco…”

Finalmente, reseño estas líneas del propio Mangan que, casi dos siglos después, adquieren un carácter visionario:
“La tumba es vital pues se van a ella grandes hombres desconocidos en vida, en los que sólo se repara cuando mueren. La tumba los revive”.

Nada más certero en el caso de este poeta, ensayista, traductor y cuentista irlandés, cuya breve y trágica vida (1803-1849), recuerda irremisiblemente a la del arquetípico Edgar Allan Poe. Y es que Mangan, como Poe, fue víctima de una combinación devastadora en nuestra sociedad: honda inteligencia, sensibilidad extrema y adicción a las drogas (en su caso láudano y alcohol); y es que Mangan, como Poe, creó una obra profundamente innovadora y visionaria, escrita además en un inglés exquisito; y es que Mangan, como Poe, fue hallado días antes de su muerte tirado en la calle, enfermo, famélico y agonizante.

Así fue que hasta 1904 no se editó un primer libro que incluyera buena parte de su obra. Y es que tampoco fue tarea sencilla compilar sus narraciones; Clarence Mangan escribió de forma tan prolífica como dispersa; el rastro de su legado se hallaba repartido entre folletos, periódicos y revistas irlandesas de muy efímero tránsito. Resulta paradójico que una de las novelas más conocidas y universales del siglo XX, el inefable Ulises de James Joyce, hunda sus raíces en el desconocido relato de Mangan Una aventura extraordinaria en las sombras —donde surge la voz del interior que inspirase al dublinés—.

James Clarence Mangan estudió en la escuela Saul´s Court; allí aprendió alemán (tradujo a los grandes poetas alemanes) y fundamentos de otras lenguas como francés, español, italiano o árabe, —lenguas que era capaz de leer sin dificultad—. Sus desgracias comenzaron a los quince años cuando su padre, alcohólico empedernido, perdió su negocio y el joven James tuvo que ponerse a trabajar como copista para sustentar a su familia. Durante los diez años que pasó inmerso en lúgubres oficinas comenzó su adicción al láudano y el alcohol. Apenas ganaba para sobrevivir, y al final, sin recursos, la droga acabó sustituyendo al alimento, pues calmaba el hambre y era más barata.

En su relato más personal Una dosis de sesenta gotas de láudano, Mangan refleja como en ningún otro su agudeza intelectual, su escepticismo, su finísimo e irónico sentido del humor, su honda melancolía, su vasta cultura, su impresionante prosa y su despecho hacia el amor no correspondido. El "Poe" irlandés, prolífico y versátil, también nos ofrece cuentos que evocan los orígenes de la nación irlandesa -en forma de leyenda infantil- (El patán del abrigo gris), fábulas moralizantes al estilo oriental (Los tres anillos), historias de intriga y fantasía (Las treinta redomas), o el ya citado relato espectral (El hombre embozado).

En sus últimos años, el escritor vagó por las calles de Dublín como un pordiosero, dispuntándose las migajas de pan con otros mendigos, envuelto en su inseparable capote gris, cubiertos sus cabellos con un sombrero raído y sin despegarse jamás de su paraguas.

James Mangan tenía razón. La tumba fue capaz de revivirle; considerado hoy día como un autor imprescindible del siglo XIX, ojalá estas migajas postreras puedan llegarle hasta el Más Allá, si es que existe tal cosa.












jueves, 25 de agosto de 2011

DESCUBRIENDO A PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN

En las tres últimas décadas del siglo XIX se completa el tránsito artístico del Romanticismo al Realismo. Es precisamente en esta época cuando la novela alcanza su mayoría de edad (1868) y se consolida como el modelo literario universal que hoy conocemos. El Realismo se acaba imponiendo en el viejo continente, pero como ocurre en los tránsitos —me atrevo a decir que en todos—, siempre queda un poso del movimiento anterior, que no muere, sino que muta y se transforma al calor del nuevo impulso estético, de modo que, añadidos cual estratos, estas dos sensibilidades conforman una amalgama tan uniforme como distinguible.

En este periodo también se produce un fenómeno de consolidación del cuento, publicándose, por un lado, en periódicos y revistas, y por otro, con la aparición de libros dedicados exclusivamente al relato breve (Obras, de Bécquer, 1871 o Narraciones inverosímiles, de Pedro Antonio de Alarcón, 1882 son dos buenos ejemplos).
En efecto, la huella romántica no desaparece del todo —seguramente nunca—; seguirá presente, pero irá adquiriendo elementos nuevos que no harán sino transformar y enriquecer sus raíces. Algunos de los mejores cuentos fantásticos se escriben precisamente durante el periodo en que triunfan las novelas realista y naturalista. Fuera de nuestras fronteras, sirvan como ejemplo ilustrativo los nombres de Balzac, Henry James, Dickens o Maupassant.

Aquí en España, autores que hoy día consideramos plenamente “realistas”, se sintieron atraídos por la literatura fantástica. Como una especie de legado oscuro y olvidado, hallamos maravillosos ejemplos de relatos fantásticos; escritores de la talla de Vicente Blasco Ibáñez, Clarín, Juan Valera, Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós o Pedro Antonio de Alarcón, así lo atestiguan.

Este último, encarna a la perfección los cambios acaecidos en el último tercio del XIX. Personaje fronterizo, rebelde en su juventud, conservador en la madurez, el granadino Pedro Antonio de Alarcón que, a diferencia de su coetáneo Bécquer, conoció el éxito de crítica y público en vida —hasta fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua—, creó una obra cuentística realmente admirable. No en vano, él mismo valoró siempre más sus relatos cortos que sus novelas.

Entre 1881 y 1882 aparecen tres colecciones que recogen todas sus narraciones breves: Cuentos amatorios, Historietas nacionales e Historias inverosímiles.

A grandes rasgos, los aspectos que reflejan la evolución del estilo de Alarcón frente al ideal romántico —que mantiene también en algunos aspectos como por ejemplo sus personajes femeninos, muy “arquetípicos”, en la línea de otros autores como W. H. Hodgson— son:
Primero: El fenómeno sobrenatural se produce en un mundo que refleja fielmente la vida cotidiana, aproximándose así al lector (canon que defiende el inglés M.R. James).
Segundo: Lo sobrenatural irrumpe sembrando dudas en el lector, cuestionando una visión positivista de la realidad.
Tercero: El fenómeno sobrenatural ya no es definido con nombres concretos (vampiro, demonio, fantasma…), sino que se torna vago y confuso; el propio escritor no acierta a definirlo (en el periodo realista se habla de visiones, apariciones etc…). Así, en el magistral e inolvidable relato de terror La mujer alta, el protagonista se pregunta angustiado ante lo inexplicable:

“¿Es Satanás? ¿Es la muerte? ¿Es la vida? ¿Es el Anticristo? ¿Quién es? ¿Qué es?”

No creo exagerado afirmar que estamos ante un pionero en muchos aspectos, a la altura de los mejores, y al que mucho debemos. Sus relatos son un placer para el lector: fluidos, amenos, entrañables, urdidos con inteligencia y maestría.

Finalmente, cabe destacar entre su variada producción, además de historias terroríficas, interesantes incursiones en el género policial (El clavo), la historia nacional (El carbonero alcalde), o el costumbrismo (La buenaventura).

Sólo los grandes permanecen incólumes. Merece la pena descubrirlos.

miércoles, 29 de junio de 2011

M.R. JAMES, MAESTRO DEL CUENTO DE FANTASMAS

“¿Creo yo en fantasmas?...Estoy dispuesto a tomar en consideración cualquier testimonio, y aceptarlo si lo encuentro convincente”.

No siempre el escritor de relatos terroríficos es un hombre acuciado por sus propios demonios. Lejos de la imagen —a veces mitificada en exceso— de autores como Poe, Lovecraft o Robert E. Howard, surge entre el elenco de cultivadores del género espectral, el arqueólogo inglés Montague Rhodes James (1862-1936).

La afición de James por contar cuentos de fantasmas en Navidad —que hunde sus raíces en la entrañable tradición oral—, fue dando paso a la invención de sus propias historias, hasta el punto de convertirse en un modelo para otros autores (especialmente E. F. Benson, al que dediqué un artículo en noviembre de 2010).

James deja definitivamente atrás la “aparición gótica” y crea una imagen completamente nueva, moderna y dispar del espíritu sobrenatural, alejado de palidez, cadenas o pasadizos. Con frecuencia James sugiere, más que describe; unas pinceladas le bastan para “retratar” al espectro. El fantasma puede adoptar las formas más excéntricas: una sábana, un papel o un grabado. Sus historias son abordadas como un gratificante divertimento, de un modo ligero, cercano y casual, salpicado de guiños o alocuciones al lector, con un toque delicioso de humor y un extraordinario dominio de los pasajes sobre catedrales, bibliotecas, archivos, viejos manuscritos o restos arqueológicos —en todos ellos queda patente la formidable erudición de James; no olvidemos que fue director del prestigioso y elitista Eton College—. En este sentido, cabe destacar su gusto por introducir o citar libros o documentos, inventados o reales (ejemplo que tendrá una influencia decisiva en H.P. Lovecraft).

Actualmente, rara es la antología que no incluya algún relato de M. R. James. Pese a carecer de la fuerza que tenían sus contemporáneos —pensemos por ejemplo en el “círculo lovecraftiano”—, la ausencia de atmósferas opresivas, profundidad psicológica o golpe de efecto, resulta obvio que la fórmula empleada por el británico ha llegado intacta a nuestros días, situándolo entre los grandes del género, cuya lectura sigue siendo un placer para los amantes del cuento espectral.

Tres son los ingredientes que a juicio de este escritor ha de tener todo buen relato macabro, a saber:
Primero. Dosis de realismo, es decir, ambientarse en un marco familiar a la época moderna (para acercarse más a la experiencia del lector).
Segundo. Los fenómenos espectrales han de ser malévolos, no benéficos (el objetivo es suscitar el miedo)
Tercero. Evitar los tecnicismos “ocultistas” o “pseudocientíficos”, pues restan verosimilitud al mismo.

Como el propio James señala "no existe una receta más eficaz que otras para triunfar en este género de ficción. El juez último es el público: si le gusta está bien; si no le gusta, no sirve de nada explicarle por qué debería gustarle".

Ahora juzguen ustedes.

miércoles, 15 de junio de 2011

PESADILLAS



Oscuridad.


Atraviesan el pasillo
con pasos furtivos;
de pronto se elevan,
inician su danza macabra.

Te asaltan, te atrapan,
te agitan, te ahogan...

Cambian el orden,
vuelcan las formas,
tiñen los ojos.

Caes.
Insoportable agonía,
respiración jadeante,
sudor frío.

Un sobresalto.
Otra vez estás despierto.

viernes, 3 de junio de 2011

MALA CAÍDA, publicado por la revista balear inmediatika.es

Para todos los que me acompañáis en esta aventura literaria, quiero compatir con vosotros el relato Mala Caída, que ha sido seleccionado en la 4ª Edición Premios Mallorca Fantástica y publicado en la revista In-mediatika.
Me encantaría que dierais vuestra sincera opinión sobre él.

Aquí teneis el enlace para poder leerlo:

www.inmediatika.es/products/relato-mala-caida-de-eduardo-moreno-alarcon-/


Eduardo Moreno Alarcón.

jueves, 19 de mayo de 2011

TU ÚLTIMO INSTANTE

Han roto los oscuros ventanales,
han salido a cazar,
grotescos rugen con fuerza,
sus presas van a buscar.

Tras sus ojos perversos
hay una furia lasciva,
reflejo de muertes pasadas
que aún nadie olvida.

Vagos horrores inundan las almas,
se mascan yugo y acero,
vacías quedan las casas,
desiertos están los senderos.

Caminan con impasible sigilo
invadiendo todo lugar,
atacan de día o de noche,
¡no puedes escapar!


Eduardo Moreno Alarcón.